La Cuadrilla provocando a Corea del Norte

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Está Kim Jong-un el máximo mandatario de Corea del Norte, sentado en su oficina, pensado como tomarle el pelo al mundo un rato más, cuando suena SU teléfono…
– Buenos días, Sr. Jong-un .
Dice una voz con un fuerte acento de Bilbao.
– Soy Gaizka, propietario del bar Txiki en Bilbao y le llamo para informarle que hemos decidido declararle oficialmente la guerra.
– Bien Gaizka, qué noticia tan interesante. ¿De cuántos soldados disponéis?”
– Por ahora, somos yo, mi primo Lander, su vecino Andoni, y el equipo completo de pelotaris del barrio. En total 8.
– Amigo Gaizka, creo que debería informarte que tengo un millón de hombres en mi ejército esperando mis órdenes para atacar.
– Ostia! Creo que le tendré que volver a llamar. Hasta luego.
Al día siguiente, Gaizka llama otra vez.
– ¡Sr. Jong-un , nuestra declaración de guerra sigue en pie! Hemos conseguido algo de armamento de infantería.
– Y de qué tipo de armamento estamos hablando, Gaizka?
– Tenemos el R5 de Andoni, la bicicleta de Lander y una grúa que le hemos robado a los municipales.
– Creo que debería informarte que yo tengo 16.000 tanques y 14.000 vehículos blindados para el transporte de tropas. Además, desde que hablamos ayer, he incrementado mi ejército hasta un millón y medio de hombres.
– ¡Cago en la puta! ¡Le tendré que llamar otra vez, hasta luego!
Una vez más, Gaizka llama al día siguiente.
– Sr. Jong-un , mi declaración de guerra sigue firme. Hemos conseguido extender nuestras fuerzas por mar y aire. Hemos conseguido atar un torpedo a la tabla de surf de Andoni y puesto un par de metralletas a un ultraligero que teníamos a mano. Además, se nos han unido 4 chavales aizcolaris, con hachas y todo. De capellán vamos a intentar llevarnos a Arzallus. Le llamaba para avisarle y que se prepare.
Jong-un tras guardar silencio, responde:
– Gaizka, te tengo que informar que yo tengo 1.000 bombarderos y 2.000 aviones de combate. Mi residencia está rodeada de láseres de defensa contra misiles, y desde ayer, he vuelto a incrementar mi ejército a 2 millones de hombres.
– ¡Jesús, María y José! creo que mañana le volveré a llamar.
Como ya venía siendo costumbre, Gaizka llama al día siguiente:
– Buenos días, Sr. Jong-un . Siento informarle que vamos a tener que cancelar la guerra. Retiramos nuestra declaración.
– Vaya, lo siento, ¿a qué se debe el cambio de opinión?
– Bueno, la verdad es que lo he comentado con los chavales en el bar, y hemos decidido que ni de coña vamos a ser capaces de dar de comer a 2 millones de prisioneros.

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